La otra pandemia: la violencia de género desde una perspectiva académica

Por Marcelo Hangshel Pentimalli*

¿Por qué hablamos de la “otra pandemia” cuando hacemos referencia a la violencia de género? Basta repasar los titulares de artículos recientes en diversos medios de nuestro país para advertir que esta problemática también está provocando una escalada de muertes. Se trata de una de las violaciones más graves a los Derechos Humanos.

Según la organización MuMaLá, durante los primeros dos meses del año 2021 se cometieron 47 femicidios[1]. El 17% fue perpetrado por integrantes de las fuerzas de seguridad y el 29% de las víctimas había denunciado a su agresor. Además, el 19% tenía orden de restricción de contacto o perimetral y sólo el 4% disponía botón antipánico. Hogares sin madres, sin hijas, sin hermanas, sin amigas… El impacto social es aberrante y esas prácticas violentas y abusivas en sus casas se traslada también a otros ámbitos. Por ejemplo el laboral provocando desmotivación, baja satisfacción, estrés, menor desempeño del trabajo en equipo y daño irreparable a las relaciones interpersonales, entre otras huellas irreversibles.

La escalada de femicidios es tal que la organización mencionada impulsó el pasado 4 de marzo una iniciativa ante el Congreso para declarar la emergencia en violencia de género, respaldad por más de 150 mil firmas. La propuesta habilita la asignación de recursos y el fortalecimiento de programas. Al respecto, Argentina cuenta con el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad que trabaja, a nivel nacional, por los derechos de las mujeres y las diversidades, frente a toda forma de desigualdad y violencia. En nuestra Provincia de Córdoba, contamos con el Ministerio de la Mujer y el Polo integral de la Mujer en situación de violencia. Invitamos a visitar las páginas institucionales de esas dependencias para más información.

El Colegio Universitario IES Siglo 21 adhirió a la Red de Universidades por la No Violencia hacia la Mujer y desde el año 2019 -de manera presencial- y durante el 2020 -a través del Campus Virtual de la Universidad Provincial de Córdoba (UPC)-, ha dicho presente en la “Diplomatura en Formación de Acompañantes Comunitarios/as contra la Violencia de Género” enviando sus representantes para dictar talleres en esa formación. En ambas ediciones -con más de cinco mil cursantes en la del 2020- este equipo de talleristas (la psicopedagoga Patricia Livi y el especialista Marcelo Hangshel Pentimalli, junto a representantes del comité académico) transitó una experiencia tan enriquecedora como sensibilizante, con mucho aprendizaje en la escucha atenta de conferenciantes de la talla de la antropóloga Rita Segato, el economista Roberto Garda Salas, el filósofo Eduardo Mattio y Marcos Santana Andújar (Puerto Rico), experto en temas de niñez, juventud y familias, entre otros muy destacados.

Como la violencia de género una problemática sensible y preocupante en la actualidad, hemos decidido incorporar su abordaje académico y práctico en el espacio curricular que trata sobre ética organizacional y ética profesional en IES.  Y en este artículo, desarrollaremos algunos aportes teóricos que permiten al lector profundizar sus reflexiones sobre esta triste realidad muchas veces no ajena a nuestro entorno más cercano. Hay terminologías que tienen una repercusión polémica en los medios de comunicación y en la vida cotidiana, por lo tanto, aclaramos que lo expuesto tiene un sentido netamente académico, de difusión y de formación profesional independiente de toda consideración exclusivamente partidaria o ideológica.

Ley Micaela: capacitación obligatoria en género

Se trata de la Ley Nacional n°27.499, aprobada en el 2018 y establece la capacitación obligatoria en género para todas las personas que Integran los tres Poderes del Estado. Nuestra Provincia adhirió en el 2019 a través de la Ley Provincial n°10.628. Lleva el nombre de “Micaela” en homenaje Micaela García, cuya violación y femicidio ocurrió en la ciudad de Gualeguay en el año 2017.

Néstor “Yuyo” García, padre de Micaela, afirma que casi el 80% de los femicidios son cometidos por la pareja, ex-pareja o familiar de la víctima, por lo que se infiere que la modalidad de violencia más frecuente es la doméstica. Esta modalidad de violencia es particularmente compleja, se encuentra naturalizada en la cotidianidad de la víctima y es cometida por un agresor con el que tiene o tuvo lazos afectivos (en ocasiones padre de sus hijos o de quien depende económicamente). Todo esto hace especialmente vulnerable a la mujer victimizada, quien puede arrepentirse tras realizar una denuncia, avergonzarse, culpabilizarse, etc. Son algunas de las razones por las cuales la capacitación en violencia de género es fundamental.

Género y sexo

Comenzaremos con el concepto de patriarcado (del latín tardío patriarchālis, que significa “gobierno de los padres”) que se refiere al predominio de la autoridad que ejerce un varón sobre un grupo de personas o sociedad, específicamente sobre las mujeres y los niños. Estudios socio-antropológicos sostienen que el patriarcado establece el dominio masculino sobre la figura femenina y los demás miembros de un grupo familiar y social. En este sentido, impone una distribución desigual del poder y de los derechos entre hombres y mujeres.

La separación conceptual de los términos sexo y género muchas veces ha llevado a ambigüedades y usos inapropiados del término género: como equivalente de mujer, como equivalente de sexo, se habla de solo de dos géneros, se sustituye el término género por feminismo, se sustituye la desigualdad de género por complementariedad, etc.

Se entiende por GÉNERO a aquella construcción histórica y social que asigna a los sexos diferentes significados, formas de comportamiento y roles. Esta asignación tiene características asimétricas, jerarquizando lo masculino por sobre lo femenino en espacios, funciones sociales y en el acceso al poder. Dichos comportamientos son construidos socialmente, y su objetivo es cumplir con determinadas expectativas que se atribuyen a una u otra persona en virtud de la genitalidad con la que han nacido. Se habla de construcción porque no es algo que acompañe a la naturaleza y al nacimiento de las personas, sino que son características aprendidas que pueden transformarse. Por otro lado, el SEXO no es una construcción sociocultural, sino que forma parte de la condición natural de los individuos y se refiere a todas aquellas características físicas, anatómicas, biológicas y fisiológicas que nos distinguen como machos y hembras. Si bien se da por supuesto que la genitalidad es invariable y fija, hoy puede modificarse a través de tratamientos hormonales y procedimientos quirúrgicos.

Presentamos, además otras nociones para interpretar el fenómeno bajo estudio. La identidad de género es la vivencia interna e individual del género tal y como cada persona la experimenta, la cual podría corresponder o no, con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo y otras expresiones de género como el habla, la vestimenta o los modales. La expresión de género es la forma en la que expresamos nuestro género: a través de la vestimenta, el comportamiento, los intereses y las afinidades. Depende de cómo es percibida por la sociedad: como femenina, masculina o andrógina (la combinación de ambos). La orientación sexual es la capacidad, independientemente del sexo biológico y de la identidad de género, de una persona, para sentirse atraída emocional, sexual y afectivamente por personas de un sexo diferente al suyo, del mismo o de más de una identidad de género. Y finalmente, la diversidad corporal se refiere a una amplia gama de representaciones del cuerpo, por ejemplo, variaciones en la anatomía sexual que se expanden más allá del binario hombre/mujer.

Machismo y masculinidades

No podemos referirnos al concepto de patriarcado sin mencionar al de masculinidades. Estudios antropológicos afirman que tanto la masculinidad como la feminidad no son naturales; se construyen, se aprenden y se reproducen socialmente con la intervención de distintas instituciones: el Estado, la familia, la escuela, la religión y los medios de comunicación. Así se van moldeando los modos de sentir, de pensar, de actuar y de representar al género.

De la mano de masculinidades articulamos el concepto de micromachismo, sutiles e imperceptibles modos de ejercicio del poder, manipulaciones o maniobras con las que los varones intentan imponer a las mujeres sus propias razones, deseos e intereses en la vida cotidiana. La socialización diferenciada genera competencia entre los mismos varones: fuerza, habilidad, capacidad de seducción; valores que se supone deben permanecer vigentes. Pueden reconocerse manifestaciones de este tipo en varones que no podrían reconocerse como violentos, abusadores, controladores o machistas, en los varones “normales”.

Es importante aclara que estos comportamientos no suponen intencionalidad, mala voluntad ni planificación deliberada, sino que son dispositivos mentales, corporales y actitudinales aprendidos e incorporados en el proceso de “hacerse hombres” frente a las mujeres. Por eso, el concepto de “deconstrucción” se quiere ir a otros modelos de masculinidad más igualitarios y menos nocivos, por eso hablamos de «masculinidades alternativas» o «nuevas masculinidades».

Estereotipos de género y violencia

Los estereotipos de género son creencias generales, estables y poco flexibles que prescriben y normativizan comportamientos y actitudes “deseables” para hombres y mujeres. Se transmiten durante el proceso de socialización a través de la publicidad, los dibujos animados, los juguetes y son claves en la construcción de la identidad de género para cada sexo, así como también de las relaciones entre las personas y el uso de la violencia.

Tiene vinculación directa con la violencia contra las mujeres ya que son las mujeres quienes sufren, por el hecho de ser mujeres y por su posición subordinada, derivada de la desigualdad cultural, social, económica, históricamente existente entre las personas. La violencia de género es un problema social que afecta a las mujeres principalmente y a las personas con identidades disidentes en todos los niveles sociales, económicos y culturales. Se trata de relaciones que implican un abuso de poder por parte de quien ejerce el maltrato.

Tipos de violencias y el ciclo de la violencia de género

Si bien al hablar de violencia lo primero que pensamos es en la violencia física, también existen otros tipos de violencias:

  • Contra el cuerpo de la mujer produciendo dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato o agresión que afecte su integridad física.
  • Causa daño emocional y disminución de la autoestima; perjudica y perturba el pleno desarrollo personal; que busca degradar o controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, humillación, deshonra, descrédito, manipulación o aislamiento.
  • Cualquier acción que implique la vulneración de todas sus formas, con o sin acceso genital, del derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva a través de amenazas, coerción, uso de la fuerza o intimidación, incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones vinculares o de parentesco, exista o no convivencia, así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres.
  • Ocasiona un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de la mujer, a través de la perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes, pérdida, sustracción, destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y derechos patrimoniales.
  • La que, a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos transmita y reproduzca dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.
  • Aquella ejercida contra las mujeres por un integrante del grupo familiar, independientemente del espacio físico donde ésta ocurra, que dañe la dignidad, el bienestar, la integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, la libertad, comprendiendo la libertad reproductiva y el derecho al pleno desarrollo de las mujeres. Se entiende por grupo familiar el originado en el parentesco sea por consanguinidad o por afinidad, el matrimonio, las uniones de hecho y las parejas o noviazgos. Incluye las relaciones vigentes o finalizadas, no siendo requisito la convivencia.
  • Aquella realizada por las/los funcionarias/os, profesionales, personal y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley. Quedan comprendidas, además, las que se ejercen en los partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales, deportivas y de la sociedad civil.
  • Aquella que discrimina a las mujeres en los ámbitos de trabajo públicos o privados y que obstaculiza su acceso al empleo, contratación, ascenso, estabilidad o permanencia en el mismo, exigiendo requisitos sobre estado civil, maternidad, edad, apariencia física o la realización de test de embarazo. Constituye también violencia contra las mujeres en el ámbito laboral quebrantar el derecho de igual remuneración por igual tarea o función. Incluye el hostigamiento psicológico en forma sistemática sobre una determinada trabajadora con el fin de lograr su exclusión laboral.
  • Aquella que vulnere el derecho de las mujeres a decidir libre responsablemente el número de embarazos o el intervalo entre los nacimientos, de conformidad con la Ley 25.673 de Creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable.
  • Aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929.
  • Aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres.
  • A partir de abril de 2019 (Ley 27.50122) se incorporó al acoso callejero como otra modalidad de la violencia contra las mujeres. Se la comprende como aquella ejercida por una o más personas, en lugares públicos o de acceso público, como medios de transporte o centros comerciales, a través de conductas o expresiones verbales o no verbales, con connotación sexual, que afecten o dañen su dignidad, integridad, libertad, libre circulación o permanencia y/o generen un ambiente hostil u ofensivo.

Ciclo de violencia de género

Esto nos lleva a considerar el llamado ciclo de la violencia de género, un proceso que suele comenzar por conductas aceptadas socialmente, con apariencia de expresiones supuestamente amorosas y reduciendo progresivamente la capacidad de confianza y de seguridad en sí mismas de las mujeres afectadas. Se describen tres fases: 1) Acumulación de tensión: Se refiere a pequeños conflictos relacionados a asuntos domésticos y cotidianos que crean un clima de hostilidad y tensión permanente y atentan contra la autoestima de la mujer, 2) Explosión de violencia,la que en general se trata de una agresión física que se desencadena por la presencia de un evento externo o por el estado emocional del agresor. Esto significa que el inicio de esta fase es impredecible y escapa al control de la mujer agredida, y la 3) Luna de miel, donde el agresor siente remordimiento por lo que ha realizado, la mujer se distancia y tratará de recuperarla minimizando el hecho, manipulándola psicológicamente, convenciéndola de que no volverá a suceder y que todo cambiara.

Ruta Crítica

Finalmente, las mujeres atraviesan un proceso complejo, no lineal, que implica avances y retrocesos que se construye a partir de las decisiones y acciones y las respuestas que encuentra en su búsqueda de soluciones cuando deciden romper el silencio. La Organización Mundial de la Salud define a la denominada Ruta Crítica e intervienen factores inhibidores pueden ser externos (presiones familiares y sociales, inseguridad económica y falta de recursos materiales, actitudes negativas de los prestatarios e inadecuadas respuestas institucionales, limitada cobertura de las instituciones, contextos sociales con historias de violencia) e internos (miedos-culpa-vergüenza, amor por el agresor, idea de que lo que ocurre al interior de la familia es privado, manipulación del agresor y dinámicas del ciclo de la violencia o desconocimiento de sus derechos y falta de información). Muchos testimonios de las mujeres entrevistadas en diferentes países sugieren la existencia de elaborados razonamientos, evaluaciones de situación y de balances, que guían sus decisiones y acciones, y que van construyendo la búsqueda de alternativas hacia una vida libre de violencia donde se presentan diversos factores impulsores.

Nos urge reflexionar sobre esta problemática, a nivel individual y colectivo, en especial trabajarla en los diferentes niveles educativos y ámbitos organizacionales ya que la “pandemia” de la violencia de género no es una cuestión de “clase” y tiene consecuencias no solo sociales sino también económicas y políticas. Es hora de aprender, comprender, escuchar, sentir y actuar.


[1] Artículo publicado en El Diario, el 28 de febrero de 2021. Disponible en: https://www.eldiariocba.com.ar/policiales/2021/2/28/se-cometieron-47-femicidios-en-los-primeros-dos-meses-del-ano-segun-la-organizacion-mumala-38394.html

*Especialista en Enseñanza de las Ciencias Sociales y Profesor de Ética y de Sociología en el Colegio Universitario IES Siglo 21.

Facebook
Twitter
Instagram
LinkedIn
YouTube