“LLAVES, BILLETERA, CELU… BIBLIOTECA. LISTO VAMOS!”

El siglo XXI podrá tener muchos problemas pero la falta de información no es uno.

Hasta hace algunos años, era nuestro bien cultural más preciado, aquello que resultaba difícil obtener y que sólo unos pocos podían acceder. El sabio o “genio” era quien tenía los datos en la cabeza.

Gutenberg fue el primero en encontrar la manera de compartir los conocimientos. Inventó la imprenta, la cual permitió crear lugares donde guardar la información; eso facilitó las cosas, democratizó muchísimo el acceso. Sin embargo, a los libros hay que escribirlos, editarlos, imprimirlos, traducirlos, reimpirmirlos y publicarlos. Bien, en la actualidad, todo ese proceso está cambiando.

Desde siempre fantaseamos con la llegada del futuro, es un tema que, desde que somos niños, se debate en la mesa familiar: “¿Qué va a pasar mañana?”, y la tecnología siempre cumple un rol protagónico en estas discusiones. En la actualidad, con la invención de internet y la llegada de nuevas tecnologías (dispositivos inteligentes, impresoras 3D, robots, realidad virtual, realidad aumentada, etc.) nos da la sensación de que empezamos a probar una rebanada del pastel.

Esto nos mantiene distraídos y pacientes. Sin embargo, al quitar la vista de la pantalla, levantar la cabeza, e intentar oficiar nuevamente de futurólogos, nos damos cuenta de que no somos capaces de imaginar lo que el devenir tecnológico nos tiene deparado, ni los cambios que vamos a ver en nuestra sociedad, nuestra cultura y, en consecuencia, en la información. Pero también, debemos aprovechar las posibilidades que nos ofrece el hoy.

Para quienes disfrutamos de la lectura, lo que el presente nos otorga a raíz de algunos avances es realmente apasionante; lo que antes conformaba gigantescas estanterías con pesados libros, hoy cabe en el bolsillo del lector. Parece una exageración, pero es así.

En esta época, rica en lo que se refiere a la abundancia de información, el problema ya no es cómo conseguirla, sino cómo clasificarla, administrarla y decidir qué vamos a leer y qué no. (Básicamente que es útil y que no)

Ya sea desde un smartphone, tablet o hasta un e-reader, podemos acceder a más contenido del que cualquier científico jamás soñó.

En IES no nos quedamos atrás y nos adaptamos a este cambio cultural, innovando en el material que ofrecemos a los alumnos. Desde hace 20 años, contamos con un departamento editorial propio, encargado de elaborar el material de estudio de todas las carreras que se dictan. El contenido de cada materia es desarrollado por los mismos docentes a cargo de las cátedras.

Si sos alumno, seguramente tuviste la posibilidad de estudiar de un Texto Interactivo Digital (o como lo conocemos, el famoso TID). Allí, el pasaje del papel a la pantalla no se nota como un cambio abrupto, sino que permite contar con los mismos recursos que antes, pero de manera ágil, dinámica, sistemática. Por ejemplo, contás con herramientas de resumen, resaltadores y anotadores para que utilices a tu antojo, y de esta manera tenés la posibilidad de darle tu toque personal al estudio.

Del papel, sabemos que es un soporte muy resistente, pero los nuevos soportes electrónicos presentan ventajas prometedoras sobre su preservación. En la actualidad, los libros ya presentan diversos formatos, los que ocupan un espacio físico en la estantería de una sala o de un depósito y aquellos que, nacidos digitales o digitalizados, ocupan unos pocos megas en los servidores correspondientes. El futuro de las bibliotecas se nos presenta apasionante, ya que, gracias a las nuevas tecnologías, nunca han tenido tanto potencial para ponerse al servicio de la comunidad.

En un mundo que se mueve a la velocidad de la luz, donde los cambios y avances nos sorprenden todo el tiempo, no solo tenemos que adaptarnos, sino que también debemos mantenernos con una actitud receptiva y alerta, atenta a los modos en que podremos beneficiarnos, así como a las formas de participar y aportar nuestros conocimientos a favor de esta revolución tecnológica de la que aún desconocemos sus infinitas posibilidades.

Nicolás Irusta

De pibe, y a través de un videojuego, comencé a jugar con pixeles. Entre botones y cables formé la idea de desarrollarme en lo digital. Me recibí de diseño de multimedios, también de publicidad. Hoy, las pantallas y el diseño forman parte de mi vida profesional. Tengo el gusto de trabajar en IES, diseñando, produciendo material de estudio y compartiendo experiencia con alumnos de Videojuegos.