Los nuevos oficios: qué son y por qué las empresas los necesitan

Es un fenómeno que se da a nivel mundial. En Argentina tomó gran relevancia a partir de la pandemia.

Por Rocío Ledesma

Nota publicada en La Voz – Sección Negocios / Empleo. Publicado Domingo, 20 de febrero de 2022 00:02 hs (click aquí)

Tras la pandemia, explotaron los espacios virtuales de formación en los llamados «nuevos oficios». (Ilustración Favio Candellero)

A lo largo de los últimos años, la realidad profesional en Argentina y en el mundo se fue modificando de la mano de la tecnología, y la pandemia del virus Covid aceleró estos cambios.

Cada vez más empresas de la industria del software necesitan personal capacitado. Allí cobran importancia los llamados nuevos oficios, posiciones de trabajo vinculadas a la transformación digital y que para ejercer no requieren una titulación o carrera de grado universitaria, como la tradicional Ingeniería en Sistemas o la Licenciatura en Informática.

Estos incluyen programadoresdesarrolladores webanalistas en sistemasdiseñadores UX/UI (experiencia de usuario), programador full stack (con distintas habilidades informáticas) community managers (redes sociales), testing de sotfwaredesarrolladores de simulaciones virtuales y videojuegosrobotistas y también comercio electrónico.

Por lo general, se aprenden en cursos online o en carreras cortas. A nivel local, hay muchos centros de formación, como el Instituto Superior Santo Domingo (ISSD), el Colegio Universitario IES, Espacio Instrumenta, Funiversity, Digitalmind, Educación IT, Mundos E, Instituto Celcius y Fundación Universitaria de Oficios (FUO), entre otros. También están las plataformas virtuales como Coderhouse, Acámica, Henry, Digital House, Nucba y Academia Numen.

Perfil de los estudiantes

Las personas que se forman en estos nuevos oficios tienen un perfil joven, de 18 a 35 años, y la carrera o curso que más eligen es programación full stack, en la que las empresas más buscan para contratar.

Allí se forman programadores con un perfil técnico, capacitado tanto en la administración interna de una aplicación como en la parte visual. Además, maneja diseño web, lenguaje de programación, base de datos, servidores, interfaces y sistemas de control.

Le siguen cursos de analista en sistemas y de técnico superior en Desarrollo de Software. También está el testing de software, formado en pruebas de control de un sistema para determinar su calidad y detectar errores.

La mayoría de los aspirantes son estudiantes que abandonaron el estudio de grado y buscaron una salida laboral más rápida con carreras cortas.

También hay profesionales provenientes de ciencias sociales que buscan reconvertirse, a los que se suman jóvenes recién egresados del secundario que eligen una carrera terciaria para continuar sus estudios.

“Históricamente teníamos mucho rebote de fracasos universitarios. Ahora, cada vez tenemos más gente que quiere hacer una tecnicatura. El 76 por ciento está entre los 18 y los 21 años”, comenta Fabián Tavella, director de Comunicación y coordinador del Centro de Capacitación Continua del Colegio Universitario IES.

Por otra parte, Nelson Duboscq, fundador y director de Digital House, señala que de a poco hay más personas que eligen profesiones digitales porque ven que trabajar en empresas tecnológicas es “divertido, se gana bien y pueden tener trabajo estable”.

Digital House es una de las plataformas digitales referentes en la formación de nuevos oficios. Además de contar con una carrera en alianza con Mercado Libre y Globant, ofrece cursos cortos de programación, diseño, marketing y datos. Por ella pasaron 124 mil estudiantes y 52 mil están activos actualmente, y es Brasil su mercado más grande.

La otra cara de la moneda

Algunos especialistas señalan que estos cursos cortos son buenas propuestas para solucionar problemas de escasez de talento del rubro tecnológico, pero que a largo plazo estos jóvenes no podrán seguir creciendo profesionalmente.

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“Es una formación inmediata que te prepara específicamente para cierta tecnología. El riesgo es que, con el tiempo, estos conocimientos se vuelvan obsoletos”, explica Sergio Logares, director del Instituto Superior Santo Domingo.

Al respecto, agrega: “Las carreras profesionales como ingenierías y tecnicaturas implican una formación más general, pero más efectiva a largo plazo. A la larga, con ellas se puede acceder a puestos de mayor jerarquía”.

En este sentido, Tavella aclara que estas formaciones rápidas no cuentan con los fundamentos esenciales para adaptarse de manera constante a los cambios. “Estamos reaccionando ante la necesidad”, dice.

Pocos alumnos

Pese a que aumenta la oferta de cursos, el caudal de alumnos todavía no es masivo debido a diversos factores: económicos, estigmas o falta de conocimiento. “Hay cierto prejuicio de que las carreras a distancia u online son de mala calidad”, cuenta Logares.

También existe el estigma de que se trata de carreras difíciles. “La gente piensa que estudiar programación es difícil y eso es antiguo. Antes estaba más asociada a algoritmos matemáticos, hoy programar es diseñar”, añade Duboscq.

Otra falencia es el poco conocimiento de los jóvenes sobre los nuevos oficios por la falta de educación en los primeros niveles educativos. “La tecnología y la informática son algo que nos atraviesa en todos los ámbitos de la vida, tenemos que prestarles atención desde los grupos iniciales, desde chicos enseñarles programación”, afirma Tavella.

El ISSD implementa esto desde hace 10 años en sus centros educativos. Enseña Robótica y Programación en jardín de infantes, en primaria tiene materias específicas de tecnología y en el secundario cuenta con especialización en Informática.

La cuestión económica también es un factor de freno. Más allá de becas y de descuentos, existen academias que ofrecen propuestas de fácil acceso. Henry, por ejemplo, enseña Programación de manera gratuita, ya que el alumno les abona el curso cuando finaliza y consigue trabajo.

En esta línea está la Fundación Universitaria de Oficios (UFO), que hoy también forma en testing de software, y a quienes lo necesiten les otorga un curso gratis con la condición de que cuando consigan trabajo paguen el curso a otra persona en la misma situación.

Las empresas, sin personal suficiente

A pesar de la enorme oferta educativa y de que más del 80 por ciento de las personas que realizan estos cursos o carreras consiguen trabajo, la industria tecnológica tiene un importante porcentaje de puestos sin cubrir por falta de capital humano.

En Córdoba la demanda insatisfecha es de 3.500 empleos, según sondeos del Córdoba Technology Cluster, y son las áreas de programación las de mayor necesidad. Mucha de esta oferta está vinculada con puestos senior o de jerarquías mayores, para los cuales se necesita un título de grado.

Según explica Pablo Gigy, presidente de la entidad, hace falta la enseñanza tecnológica desde la infancia. “La deuda más grande en Argentina es trabajar en las etapas iniciales de la educación. Hay que empezar a enseñar Programación desde la primaria y pensarlo a mediano plazo, porque los resultados se verán recién en 15 años”, apunta.

En este punto, Ricardo Ruival, presidente de la Cámara de Industrias Informáticas, Electrónicas y de Comunicaciones del Centro de Argentina (Ciiecca), plantea que el incentivo desde las primeras edades es clave para terminar con el prejuicio de que las carreras tecnológicas son difíciles.

Christian Patiño, cofundador de Coderhouse, opina: “Ya no sólo existen empresas de gran crecimiento enfocadas puramente en la tecnología, sino que además las empresas tradicionales también necesitan incorporar nuevas tecnologías a sus operaciones”.

Las mujeres ya representan 20 por ciento de los puestos de trabajo en la economía del conocimiento. (La Voz / Archivo)

Al respecto, un reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que es necesario tomar nuevos oficios para reinsertarse en el mundo laboral tras la pandemia.

“El problema se hizo más grande a raíz de la pandemia y del advenimiento del mundo remoto. Todas las empresas se vieron en la dificultad de pasarse al mundo digital”, sostiene Antonio Tralice, cofundador de Henry.

Fuga de talentos

Otro punto importante es la fuga de talentos al exterior, alentada por el teletrabajo y por el tipo de cambio en Argentina. Ante la gigantesca demanda de recursos, los formados eligen trabajar para empresas de otros países y cobrar en dólares.

“No estamos en condiciones de cubrir esa demanda en el corto plazo. A pesar de que se vienen haciendo muchas cosas, no es una industria que alcanzó su techo, sino que recién está arrancando. La demanda es cada vez más grande y nosotros no estamos incrementando la oferta”, sostiene Ruival.

Los ejecutivos coinciden con que el advenimiento de cursos cortos online brinda una solución específica para cubrir los puestos, pero que no son suficientes y hacen falta más instancias de formación para alcanzar mayores objetivos a largo plazo.

Desde el Córdoba Technology Cluster, implementan un programa de empleo con capacitaciones para contrarrestar la escasez de talento. Uno de ellos, el Programa de Inserción Laboral (PIL), articulado con el Gobierno provincial, cursa su segunda edición y consiste en la formación de un programador full stack.

“Se hace mucha articulación laboral dentro de las empresas”, cuenta Gigy. “El primer mes es de capacitación. El segundo se combina con trabajo y a medida que avanza disminuye la capacitación y cada empresa profundiza en lo que necesita”, continúa.

Hasta el momento, 436 personas pasaron por el programa, que contó con la participación de alrededor de 60 empresas, como Kinetic, Adaptio, Macena, Darwoft, Grinkgo y DinoCloud, entre otras.

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